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Triste marca: 5 recesiones en 10 años

Hasta ahora, la peor fue la de 2008-2009 iniciada por la crisis de las hipotecas en EE.UU. La economía debería crecer entre 2,1% y 2,6% en 2019 para que al final de esta gestión el PBI termine en los niveles de diciembre de 2015.

Los datos oficiales confirmaron ayer que los argentinos están viviendo la segunda recesión del Gobierno de Mauricio Macri. Y, lo peor, la quinta en 10 años. Demasiado para un país que necesita despegar. De los últimos 10 años, la economía argentina habrá caído en 5. En 2009 la baja fue de 6%; en 2012 1,1%; 2014 2,6%; 2016 2,2% y se espera entre 3% y 3,5%. En todos los casos, las contracciones del PBI fueron producto de dos trimestres consecutivos (o más) de caída en la economía. El lamentable período se inicia en 2008, con Cristina de Kirchner en el poder y luego de la irrupción en la economía mundial de la crisis en las hipotecas en los Estados Unidos. A este fenómeno se le agregó una brutal sequía interna, una caída feroz en los precios de la soja y hasta las consecuencias de la Gripe A. Fue, hasta aquí, la recesión más dura (y la más justificada por los factores endógenos y exógenos) de las cinco registradas en el período. La salida de la crisis (Argentina fue uno de los países que más rápido pudo despegar su economía) fue producto de la decisión de aplicar políticas activas sobre la economía real que aceleraron la reacción del mercado interno.

El segundo período recesivo (también durante el Gobierno de CFK), comenzó en el cuarto trimestre de 2001 y culminó en el segundo de 2012, y se relaciona con los efectos de la inflación (acelerada para ese entonces, pero ignorada para la conducción del INDEC de aquellos años), cierta incertidumbre cambiaria y las dudas generadas en el factor inversión por la reestatización de YPF provocaron la caída del PBI en el proceso menos grave de los cinco analizados.

El tercer período es, hasta acá, el de más larga duración, con un inicio en el tercer trimestre de 2013 y una culminación en el tercero de 2014. Coincide con la reelección de Cristina de Kirchner e incluye una devaluación del peso en enero de 2014 ya con Axel Kicillof en el ministerio de Economía y la inflación real más alta de todo el período kirchnerista. La salida fue lenta y basada en las expectativas que generaba la elección de un sucesor a CFK que se dirimía en dos candidatos, supuestamente, pro mercado: Macri y Daniel Scioli.

El cuarto proceso recesivo comienza en el mismo período electoral (tercer trimestre de 2015) y culmina en el segundo de 2016; e incluye dos decisiones importantes de ajustes de comienzo del Gobierno macrista, con alta consecuencia en la economía real: la devaluación de salida del cepo cambiario (con un consecuente salto inflacionario) y las alzas en las tarifas de los servicios públicos para la industria y el comercio. La salida del proceso fue rápida y las consecuencias de la baja poco importantes. Incluso se hablaba dentro del Gobierno en aquellos días, en que el proceso de ajuste había sido bien absorbido por la economía real, y que podría anticiparse un largo proceso de crecimiento del PBI rompiendo el fantasma de una caída en cada año par.

No pudo ser. La crisis financiera y fiscal iniciada en abril de este año dio comienzo a una recesión que amenaza con convertirse en la más larga del período (podría durar hasta el segundo trimestre del próximo año, o aún más). El consuelo que podrá encontrar el Gobierno de Mauricio Macri es que la caída del PBI no alcanzará al 6% de Cristina de Kirchner en 2009. Lo que no se sabe aún es cuál será la estrategia del oficialismo para salir de la situación. Ante este escenario, Cambiemos deberá encarar la campaña electoral en el primer semestre de 2019 con un panorama económico recesivo, en donde, en el mejor de los casos, habrá comenzado a recuperarse lentamente entre abril y mayo según las proyecciones más optimistas. Luego, para entregarle al próximo Presidente (el propio Macri u otra persona), un PBI en niveles iguales a los que recibió, la economía deberá crecer en 2019 aproximadamente entre 2,1 y 2,6%. Algo difícil para un Gobierno que presupuestó una baja de 0,5% del PBI y con un FMI que anticipa una caída aún peor de 1,1%. Se supone entonces que la campaña oficial se basará en otros capítulos, fuera de la economía.

Ámbito.com

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